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Encontrar esperanza en la desesperación.


Cuando vivimos desesperados, caemos en un agujero del que a veces es difícil salir. Preguntamos: "¿Alguien puede oírme?" o "¿Alguien puede ayudarme?", pero la mayoría de las veces no escuchamos una respuesta ni vemos una solución hasta que llega Jesús.

Lo hermoso de esto es que Jesús puede sacarnos de cualquier profundidad. Su amor por nosotros rompe cualquier oscuridad o desesperación que podamos sentir. No hay ninguna profundidad a la que Él no llegue ni ninguna persona que esté fuera de su alcance. Esta esperanza que nos entregó es un ancla para el alma y alivio para el corazón.